Poemas escogidos
para el CD Mujeres con guitarra

Aria
No soy ángel
que preside la vida
ni sabia
ni agorera.
Únicamente
soy una mujer
cálida
intensa
que en su más apartada
intimidad
cree tener voz
y canta.
Ana Ilce Gómez
Pinto la rosa
Suena la risa en mi espacio escondido
recorre mi sangre
fijo la mirada
y pinto la rosa:
blanca eleva su canto
amarilla bifurca la forma
rosada baila dichosa
negra apuesta al dolor
naranja deja un suspiro
roja desciende gozosa
el amor extendido deja
¡Mira la rosa!
Isolda Hurtado
Soneto de amor
5
Quiero decirte, amado, la poesía
que se nos da en el pan, el lecho, el canto
la primavera audaz, el dulce llanto
del niño que despierta para el día.
Sabe a tierra invernal, a lejanía,
el nombre que nos cubre con su manto.
En mis horas de sombra y de quebranto
es un lirio que alumbra mi sequía.
Por todo eso te quiero. Por tu acento,
tus parpados de luna, tu estatura,
la gracia de tu blando movimiento
al tenderse tu cuerpo como un río.
Cuando el mar se me cierra en noche oscura,
es tu voz la que encauza mi navío.
Claribel Alegría
María Magdalena
Te amé, Jesús
Te amé
Y tú también me amaste
Entre todos los rostros
Me buscabas
Y me querías cerca.
Me sedujo tu voz
La serena pasión
De tu palabra.
Sentí temblar tu carne
Sentí temblar al hombre
Cuando ungí tu cuerpo
Con perfumes
Y enjugué tus pies
Con mis cabellos.
Pude haberte hechizado
Y no lo hice
Me frenó tu mirada
Tu renuncia
Entre todos los hombres
Fuiste el hombre
Y no quiero curarme
De este amor.
Claribel Alegría
Fragmentos de memorias
Retazos de melodías y canciones,
olores sepias y polvosos del verano,
húmedas fragancias verdes,
cabellos empapados,
risas infantiles ondeando sobre los charcos,
camisa de dril de un abuelo, fresco aroma en su
mejilla
ordeños de madrugada, leche, espuma tibia,
aire de mañana clara, sangre fresca y dorada de
naranjas,
paseos bajo la luna, conversaciones,
voces perdidas que regresan en sueños,
pecho balsámico, mano amorosa sobre la frente
enfebrecida,
trozos de vidas dispersas
espejo despedazado de mi vida,
fragmentos de la memoria.
Daisy Zamora
Muchacha con sombrilla
De overol amarillo
cruza la calle
-las grandes nalgas al ritmo
de su paso-
La sudorosa espalda
bajo su blusa roja
y el gran girasol
de su sombrilla.
Daisy Zamora
Te di mi cuerpo
Te di mi cuerpo,
mis piernas de cristal lozano
paseándose por tus aposentos.
Te di mi cuerpo,
solamente mi cuerpo;
el haz de luz del goce
los ojos de la perdición
la boca campana nerviosa
de los besos.
Mi cuerpo solamente.
Milagros Terán
El barco del poeta
Cuarta Travesía
Éste es mi barco, dice la niña,
la casa de conchas que he construido
un sueño húmedo sólo mío
el barco en fondo de arena
encallado cuerpo que arrastra marejadas.
Soy en lo profundo la arena
escollo de arrecife
peñasco que se alza
esquife solitario
en lo alto de esta proa,
lejana de madre
lejana de amores
lejana de amigos
cerca de la mar.
Marta Leonor González
Lugar del odio
La mujer vestida de inmaculada
demora la peligrosa entrega matinal.
Bajo el corpiño su defunción arrastra
la llamada del brotado ombligo,
el vagabundo sudor que despierta al amante
al hijo que en su regazo duerme
y llora gimiendo la tarde huérfana,
con el pelo alborotado los pies curtidos
la cara sin lavar la mujer regresa
al lugar del odio,
a enjuiciar el rostro del aguijón
la alimaña que abrió la bragueta
sin persignarse
sólo con el miedo, la cara del asombro
y la vergüenza de nunca hacerlo.
Marta Leonor González
Soy
Soy como el sol
inagotable.
Soy tierra humedecida,
soy círculos y roca.
Soy vagabunda, misteriosa
paloma entristecida.
Soy existencia, dimensión,
regazo y piedras,
morada de desgracias.
Soy refugio, corazón,
agua, arrecife,
concha, caracol,
sorpresa, sueños.
Soy promesa, eternidad,
ritmo, aventura, especie, olvido,
viento, placer y trópico.
Soy gaviota,
generación, deseo, arena,
torrente incontenible,
soy semilla.
Suad Marcos Frech
Los poemas
Hay poemas con vacas
con jarrones de barro
con piedras
y bastón
hay poemas con aurora
con blusas transparentes
con alguna flor silvestre
hay poemas con
balcones abiertos
con vía láctea
con zanjas oscuras
con sal
y madreperlas
yo hago poemas con vos
con tus manos
y tu cuerpo grande
con tu sueño
y tu vigilia
con tu afán
y con tu ocio
poemas con agua dulce
con hojuelas de gozo
con lluvias
con goteras de amor
hago poemas
con puros signos
de enamoración.
Blanca Castellón
Su memoria aún estrenaba juguetes
Su memoria aún estrenaba juguetes
llevaba en el pantalón hojas de limonaria
cohetes de purísima iluminaban los ojos
iba con la guitarra en las manos
y a la izquierda del pecho, fresco manantial de montaña
el corazón guerrillero.
Rosario Murillo
Ángel en el diluvio
Hoy llueve en todo el mundo y somos dos
vos y yo
un hombre y una mujer
como todos los hombres y todas las mujeres
buscando el arca para sobrellevar la tormenta.
Somos dos en la noche y nuestros cuerpos
son rayos asediando las sombras.
Hoy llueve en todo el mundo
y vos y yo somos pájaros
imaginando la certeza del nido
la almohada bajo la cabeza
el ramo de albahaca en la ventana.
Hoy llueve en todo el mundo
y vos y yo
somos el mundo entero
el mundo en una caja de música
el mundo en una sonrisa
el mundo en una botella
el mundo cuando tiemblo en el amor
cuando me rindo al abrazo
cuando me acerco, cuando me veo en tus ojos
el mundo cuando me vas haciendo de tierra.
Hoy llueve, corazón, está lloviendo
y a mi me duele la vida.
Rosario Murillo
Huelga
Quiero una huelga donde vayamos todos.
Una huelga de brazos, de piernas, de cabellos
una huelga naciendo en cada cuerpo.
Quiero una huelga
de obreros de palomas
de choferes de flores
de técnicos de niños
de médicos de mujeres
Quiero una huelga grande,
que hasta el amor alcance.
Una huelga donde todo se detenga,
el reloj las fábricas
el plantel los colegios
el bus los hospitales
la carretera los puertos
una huelga de ojos, de manos y de besos.
Una huelga donde respirar no sea permitido,
una huelga donde nazca el silencio
para oír los pasos
del tirano que se marcha.
Gioconda Belli
Amor en dos tiempos
I
Mi pedazo de dulce de alfajor de almendra
mi pájaro carpintero serpiente emplumada
colibrí picoteando mi flor bebiendo mi miel
sorbiendo mi azúcar tocándome la tierra
el anturio la cueva la mansión de los atardeceres
el trueno de los mares barco de vela
legión de pájaros gaviota rasante níspero dulce
palmera naciéndome playas en las piernas
alto cocotero tembloroso obelisco de mi perdición
tótem de mis tabúes laurel sauce llorón
espuma contra mi piel lluvia manantial
cascada en mí cauce celo de mis andares
luz de tus ojos brisa sobre mis pechos
venado juguetón de mi selva de madreselva y musgo
centinela de mi risa guardián de los latidos
castañuela cencerro gozo de mi cielo rosado
de carne de mujer mi hombre vos único talismán
embrujo de mis pétalos desérticos vení otra vez
llamame pegame contra tu puerto de olas roncas
llename de tu blanca ternura silenciame los gritos
dejame desparramada mujer.
Gioconda Belli
Mujeres con guitarra
Hay muchas mujeres lapidadas a lo largo
de la historia.
Su vida fue de jaurías y de toros rabiosos
de sangre alzada
de mordeduras largas.
Mujeres que le devolvieron al mundo
la embestida,
que se inmolaron o tuvieron que matar
para seguir viviendo,
esas que en la hora más oscura
roturaron el campo con sus uñas
para que vos y yo pasemos.
Hondas mujeres
que quizás una lenta madrugada
marcharon al fuego o a la horca
por cosas tales como desordenar
el orden público
por inventar una nueva manera de descifrar
la vida
por tener voz
o por infieles
o ateas.
Ellas ya no están. Sus cabezas reposan
sobre un siglo o dos. Sus ojos
ya no existen.
Pero de ellas perdura una hebra sutil
un hilo ciego que sin saberlo
nos hace crecer y despertarnos en la noche
con unas ganas inmensas de vivir
de derribar todos los muros
de desafiar todas las hogueras
así como de amar y de pulsar
todas
toditas las guitarras de la tierra.
Ana Ilce Gómez
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