La “herida abierta” de un joven poeta colombiano

Entrevista y poemas

Fernando Vargas Valencia:

La “herida abierta”

de un joven poeta colombiano.

Texto y fotos /Arnulfo Agüero/

A mis manos llegó el libro Épica de los Desheredados, del joven poeta colombiano Fernando Vargas Valencia a quien conocí durante el último IX Simposio Internacional Rubén Darío, celebrado en enero 2001 en la ciudad metropolitana de León.

Una primer mirada al texto, me hizo recordar la poética del realismo social del Salvadoreño Roque Dalton, y los versos vibrantes de denuncia del nicaragüense Leonel Rugama, La Tierra es un satélite de la Luna”, escritos en los años preinsurreccionales de la dictadura de Anastasio Somoza.

Si bien es cierto, en Daltón y Rugama la versificación y ritmos de sus estilos son otros, al igual que su tiempo, escenarios y personajes, los temas de la injusticia social, violencia, denuncia y la demanda de libertades individuales es común, y sigue latente en este joven poeta que advierte que “Colombia es una bomba de tiempo a la que Latinoamérica no puede dar la espalda”.

“La poesía ha sido, en mi caso, una excusa para enfrentarme al encuentro con el otro, con la radical otredad. Es a través de la poesía que he tenido la fortuna de conocer gentes humilladas, desplazados forzados, campesinos, así como también sujetos sociales cuyo trabajo ha sido clave para realizar el derecho al mundo”,  externa el poeta, demandado un cambio hacia la paz y la justicia en su país.

Por lo que su “poesía procura ser la reivindicación de un hambre de liberación”, impregnada de erotismo por la mujer amada, pero también con la capacidad de situarse en el dolor, en la contradicción del otro y ser su voz, declara en esta entrevista electrónica.

Vargas, nacido en 1984, habla de su visión de la nueva poesía joven, de su lectura para una poética social para las Américas, de sus otros libros publicados El Espolio, Cuentas del Alma, Transversal y Épicas de los Desheredados; así como de su ensayo La Realización Poética de la Justicia, que fue su tesis de derecho para su graduación.

La materia de derecho, para este poeta está “hermanada” a la poesía.

Director de la Revista Fata Morgana, y la Revista Latinoamericana Pasajeros del Bandido.

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EPÍLOGO

He aquí el poeta:

Se le pide que grite.

Hay un rimo que se deja disipar

por la voz de la anticipación.

El instante se consume en su potencia.

El poeta sólo puede registrarlo

en su verosimilitud primera.

Dolores de tierra agitan la bondad

de su despertar.

Hay una política errabunda

en lo más profundo de su sueño.

El retorno es su signo,

el espiral su paso.

Detrás de su centro están las sinfonías

de lo por venir.

Viena música de sordos

la de sus simulacros disipados

en las sombras pavorosas.

Todo aguarda la palabra del poeta

que oficia de curandero de la memoria.

Allí la dignidad de la palabra:

La voz de aquellos que callaron.

Allí la dignidad de la poesía:

Anticipación de una imagen

en la que todos los hombres son uno solo.

Afuera se escuchan los susurros de las botas

que se dicen al oído los instantes

de la tortura.

El poeta se resigna al despertar maligno

de los hombres asesinados.

El poeta se lanza a ese abismo

y es tan humano como las balas

que testarudamente relaciona

con el cuerpo derrotado de su amada.

La luna puede esperar,

el amor puede esperar,

el hombre se va dejando habitar

por la palabra punzante del poeta.

Afuera gritan angustias de sangre derramada

y el silencio del poeta es su mayor protesta.

Afuera, los hombres practican

el horrible juego de las decapitaciones

y el trono del poeta

es una confusión de discrepancias.

Poemas incluidos en el libro Silencio Transversal (2007)

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Entrevista

La metáfora como forma del conocimiento

— Hablemos de tus libros, para adentrarnos un poco en tus textos, por ejemplo, Épica de los desheredados, percibo en él una fuerte dosis de poesía comprometida, lo que es poco común en muchas jóvenes que buscan otras metáforas más relacionada al amor y la muerte, como drama existencial.

— Considero que el poeta, como el obrero, el campesino, el historiador, el político, es un sujeto social, un testigo de su tiempo, es más, es justo reconocer que se trata de un sujeto privilegiado porque manipula el lenguaje, porque trabaja (en el sentido más bello de la palabra trabajar: crear, transformar la realidad) con la imagen y la metáfora que son las formas más auténticas del conocimiento.

Cuando uno empieza a enfrentarse a la palabra, lo hace como un acto de valentía, porque la auténtica intención poética es un enfrentamiento radical entre lo más íntimo del yo y el mundo.

Por eso es que uno empieza con temas radicalmente trascendentales como  el amor y la muerte.

Ahora bien, yo me he convencido de que la poesía, que tiene miles de excusas para ser válida, en ciertos contextos históricos adquiere una dignidad especial que la hermana con la memoria y con la justicia.

Yo escribo ya no tan espontáneamente como en los primeros años en los que otros me convencieron de que era poeta; ahora escribo con una intencionalidad, con un propósito: el de contribuir a la memoria de un país en el que el olvido es política de Estado y es el combustible de las contradicciones y la barbarie.

En ese sentido le creo a Borges cuando afirma que la autoría de ciertos textos que trascienden los vericuetos de la memoria colectiva, se vuelve un mero accidente.

— Hace unos meses atrás estuvistes presente en León, Nicaragua, en el Simposio sobre Rubén Darío, ¿fue provechoso para tí este tipo de encuentro, visto desde tus ojos de poeta latinoamericano?.

— La poesía ha sido, en mi caso, una excusa para enfrentarme al encuentro con el otro, con la radical otredad.

Es a través de la poesía que he tenido la fortuna de conocer gentes humilladas, desplazados forzados, campesinos, así como también sujetos sociales cuyo trabajo ha sido clave para realizar el derecho al mundo.

Igualmente, la poesía me ha permitido forjar un pensamiento claramente americanista, o mejor, empleando la bella expresión de José Martí, un compromiso con la afirmación y reafirmación de una identidad nuestramericana, de la cual la poesía es una de las más diáfanas expresiones.

Bajo el nicaragüense sol de encendidos oros, encontré reafirmada la existencia de dicho pensamiento que se caracteriza por la búsqueda de un equilibrio entre imagen y concepto, entre individualidad y solidaridad.

En Nicaragua me encontré con gente solidaria, que bajo la identidad que producen ciertas luces tutelares, como es el caso de Darío, reafirman la respiración de una patria común que se despereza.

También me encontré con muchas personas que sin escribir versos, viven la poesía.

Y esa misma gente la he visto o leído en Venezuela o México, lo que me enseña que hay una hermandad que la historia y la poesía confirman a diario. Podría decir que las cuestiones académicas pueden hacerse accidentales si uno tiene la posibilidad de compartir y conversar con la gente de a pie.

Así, una cerveza en Las Peñitas bien conversada con personajes lucidos de Nicaragua es para mí suficiente para saber que valió la pena escribir el verso que me ha llevado hasta aquella arista de Nuestra América.

Colombia en la agenda de violencia

Colombia, como nación siempre está en la agenda internacional, por los choques de violencia, pero también se le nombra, por sus escritores, músicos y artistas, Gabriel García Márquez, Fernando Botero…, pero los jóvenes poetas, su voz se escucha poco, ¿a que crees que se debe?.

— La violencia no es solamente física. Colombia, como muchos otros lugares controlados por fuerzas ajenas a la voluntad auténtica de sus gentes, también es territorio de violencias simbólicas. Esas violencias para mi están premeditadamente relacionadas con procesos de silenciamiento.

El hecho de mantener inéditas ciertas voces, caracterizadas por insistir en ciertos temas o en plantear ciertas estéticas que pueden calificarse como disidentes, tiene relación con la imposición de ciertos lenguajes y en ese orden de cosas, hace parte de la línea de continuidad de los silenciamientos.

En Colombia, como en otros países, existen poetas que caben claramente en la descripción de lo que llamó José Martí “aldeanos vanidosos”, para quienes la poesía es un medio para reafirmar su radical individualismo, imponiendo preocupaciones puramente intimistas o desprovistas de relación con las contradicciones cotidianas.

Eso le ha hecho mucho daño a las nuevas voces, que tienen que someterse a ciertos conjuros proto-religiosos para que su nombre aparezca en las listas de las pocas editoriales que publican poesía.

El talón de Aquiles de los señores de la Poesía en mi país, es que ellos aún no han pasado, como diría el gran poeta Héctor Rojas Erazo, “por el purgatorio de una geografía”, es decir, como siguen imaginando al mundo como una Aldea, no han comprendido la importancia de lo colectivo en un tiempo en el que emergen resistencias.

Ese creo que es el valor de los poetas jóvenes en Colombia quienes han valorado lo colectivo y han comprendido la necesidad de que la poesía se vea incluida en otros procesos sociales y culturales, más allá de las fronteras del yo y del país.

— En tu vida profesional eres abogado, has trabajado en tu campo, en lo social y en el derecho. Podrías valorar este tema, el de los derechos humanos y la violencia en Colombia, y como afecta a tu país.

— Uno podría acudir a cifras, a informes, a noticias, para mostrar a quienes nos leen que la situación de Colombia en materia de derechos humanos es grave. Pero creo que la valoración debe ser más profunda, debe estar atada a la posibilidad emancipatoria que trae consigo la resistencia en Colombia.

Mire, en Colombia hay un buen número de víctimas de torturas, desapariciones forzadas, desplazamientos forzados, ejecuciones extrajudiciales y persecuciones políticas.

En Colombia incluso a los artistas se les acusa de terroristas y se les detiene arbitrariamente como ha sucedido con la dramaturga Patricia Ariza o la poeta Angie Gaona.

A estas personas les han querido borrar la memoria porque son emisarios de la contradicción, son los testigos de las atrocidades más profundas que se viven en el territorio colombiano y que no son más que la fase más sangrienta de una política unilateral y sistemática de exterminio de sujetos de transformación social.

Yo creo entonces que debe existir una reparación transformadora en Colombia que tenga un contenido claramente político. Y eso sólo se logra transfigurando el orden social imperante, porque mucha gente de mi pueblo ha muerto por intentar cambiarlo.

Si la máxima expresión de herida abierta es el país mismo, hay que transformar el país; es la única forma de cumplir los sueños por los que lucharon los que hoy están muertos. Eso lo aprendí de un gran amigo mío, hijo de un líder de la Unión Patriótica (UP), brutalmente asesinado.

Por eso digo que la realidad colombiana va más allá de cifras, es un problema que compromete a toda Latinoamérica, porque es la continuidad de una línea de imposiciones históricas externas, que Bolívar o Martí anticiparon desde tiempos míticos.

En Colombia, como escribió alguna vez Roque Dalton, los muertos están cada vez más indóciles: Colombia es una bomba de tiempo a la que Latinoamérica no puede dar la espalda.

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MEMORIA

(A Colombia)

Coincido con usted,

la vida se sostiene de un hilo

pero ese trozo de abismo

que es la sorda respiración

del sobreviviente,

habrá de desvanecer y llegar

al tiempo que le corresponde.

No somos contemporáneos,

el tiempo silencioso

que nos agota a cada paso

es la promesa de esta muerte

en la que nos obligan a detenernos.

Los tambores agitan el compás

del que asesinó la semilla

e insiste en el falso hálito

de los silencios.

Ya somos el pasado.

Fuimos instante

en el que presagiamos el futuro.

Seremos la tierra poblada de espantos.

Nuestra inmortalidad

sólo es posible

si admitimos por fin

en nuestras casas,

en nuestros cuerpos manchados,

la elíptica victoria de coincidir

cuanto menos,

en un olvido libertario

que evada por fin a los falsos héroes

y nos permita renacer de nuevo.

Poemas incluidos en el libro Épica de los Desheredados (2010)

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El hacedor de poemas tiene un lugar en la ley

Tu tesis de grado fue La realización poética de la justicia, editada por la Universidad Externado de Colombia. ¿El porqué asociar derecho con literatura, porque estamos hablando de tesis, y no de versos, o el titulo solo es una alusión poética cargada de ironía hacia la justicia y el derecho como materia de ley?

— Creo que esa pregunta ha marcado literalmente mi vida. Como le explicaba en una respuesta anterior, creo que la poesía es un proceso cultural y social, lo mismo que el derecho. Me atrevo a postular, sin ironía, que hay un lugar común entre la poesía y el derecho: la justicia.

Para ello hay que imaginar a la poesía como una concepción del mundo, como una expresión de la vida, no como un simple género literario. Lo mismo pasaría con el derecho: habría que entenderlo no como un cúmulo de normas, sino como una expresión de las aspiraciones sociales, incluso como una herramienta de lucha.

Si se juntan estas dos concepciones estamos en el campo del hacer colectivo, la poiesis que es, a un tiempo, estética y social. De allí nace la idea del Hacedor en Borges y yo diría que el juez humanista, es también un Hacedor, es decir, un poeta.

Es por ello que creo que Platón expulsó a los poetas de la República haciendo referencia a los contemplativos, a aquellos que serían incapaces de comprender el drama de la República.

En ese mismo contexto, me gusta la frase de Baudelaire cuando afirma que si nuestro drama está bien hecho, no habrá lugar a quebrantar las leyes. Con ello entiendo que si existe un mundo social justo, es decir, poético, no habría lugar a las contradicciones que están a la base del derecho. Y la máxima aspiración del derecho como ciencia normativa, es el equilibrio social, que es lo que yo entiendo por justicia.

— Tu poesía se ve impregnada de estos temas, de la justicia, de la denuncia, de las ansias de libertad. Se aprecia biográfica, vista desde la memoria colectiva, del recuerdo, de la demanda de justicia social; Pablo Neruda, en su tiempo militó románticamente en los movimientos de izquierda, pero después abandonó esta posición a la cual criticó por su autoritarismo mesiánico. ¿Sigues de alguna manera esos pasos?

— Siempre he creído que el poeta tiene una misión, la vocación poética no es puramente intimista, es un llamado que la propia realidad, que los otros, le hacen. Un poeta no es tal sin el reconocimiento previo que de su arte hagan a quienes canta.

A propósito de Neruda, a mi me encanta la afirmación mítica que el poeta colombiano Augusto Pinilla hace de ciertas relaciones poéticas de nuestro continente. Según él, nuestro mestizaje se funda a partir de, entre otras expresiones, textos como el Popol Vuh donde es claro el papel del poeta: es el que canta la hazaña del guerrero.

Esa relación, desprovista de mesianismos autoritarios, se ve en encuentros míticos como el de Cortázar y el Che Guevara, o el del propio Neruda y Salvador Allende: el poeta lleva a la dignidad del canto, los procesos históricos que son producto de la lucha.

No hay nada para mí que no esté abarcado por la lucha y por las aspiraciones de libertad.

Mi poesía procura ser la reivindicación de un hambre de liberación. Esa hambre, esa sed impregna el erotismo del verso con el que canto a la mujer amada, y también involucra la labor poética más difícil pero más contundente, que es la de lograr la capacidad de situarse en el dolor, en la contradicción del otro y ser su voz.

Cuando los amantes se entregan, son territorios poblados por la memoria, son pueblos que se embisten. Cuando el pueblo grita desamparos y exige libertad y justicia, hay erotismo en las calles.

En ambos escenarios, mi poesía procura ser canto de reafirmación y transformación. Procura celebrar la vitalidad y celebrar la presencia del otro y de lo otro; como diría Vinicius de Moraes, canto porque cantar es el destino de la poesía para que otros bailen, en tanto bailar es el destino de la pureza.

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SARTRE IN ÚTERO (Fragmentos)

1.

Si el infierno son los otros,

y tú no eres yo mismo,

sépase

que

quiero

quemarme.

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Poesía: tambor de espiritus libres

— Has editado los poemarios: El Espolio, Cuentas del Alma y Silencio Transversal. Es difícil en tan corto espacio abordar tus libros; no obstante, me gustaría saber ¿cuál es el espíritu que los animó a salir al público: acaso fue ese “tambor de espíritus liberados”, como reza uno de los versos del poema Drum poem (free spirit)?.

— Agradezco profundamente la referencia porque me permite hilar algo común a todos mis libros: la música.

En el caso de El Espolio, la presencia de la música es más bien torpe, porque el libro nace con la pretensión de rendir homenaje a mi primer maestro en la poesía, mi abuelo, Alberto Valencia, campesino luchador de las regiones escarpadas de mi país; sin embargo, el admirable carácter rimado de la poética de mi abuelo me transporta a los territorios poéticos que me brindaba su copiosa memoria y ese es el mérito de ese libro que firmamos juntos.

Ya en Cuentas del Alma desde el nombre (una canción de Rubén Blades), la música se erige como aspiración, como una suerte de mujer que mis bríos adolescentes contemplan sin poderla tocar, porque sería una suerte de territorio prohibido, sagrado, inconmensurable.

En ese libro uso la blasfemia y la ironía como posibilidades objetivas del discurso, como figuras poéticas; en ese libro también intento arremeter contra la vanidad como lugar de silencios, como disonancia, como terrible soledad sin música.

En Silencio Transversal, quiero invocar a la música a través de la mujer amada, ya en un espacio en el que puedo empuñarla como a una espada y tocarla como a un tambor, en el que la mágica quintaesencia de la música representada en una mujer, ya no me es vetada.

La música es para mí, la máxima expresión del espíritu liberado. Cuando digo música digo poesía, digo libertad, digo justicia, digo mujer desnuda, digo Lorena, digo revolución. Los temas a los que me aferro como a un madero de naufragio y que hago públicos más por mero accidente que por la pretensión de publicar como un fin en sí mismo.

— Tu pluma también ha corrido tinta en el ensayo, reseñas y temas de educación del derecho social, has colaborado en revistas de arte y literatura de tu país y de otros países latinoamericanos, ¿a qué se debe tu “quijotesco grito en prosa”, como ves tu mundo literario y realidad misma?

—Escribir para mí es una necesidad. Mi trabajo cotidiano consiste en escribir en defensa de las víctimas del desplazamiento forzado en Colombia. He procurado impregnar mi trabajo, atado al hilo sonámbulo de la técnica, de poesía, porque creo que sin poesía no se puede vivir.

Ahora bien, esta necesidad de concebir toda realidad como un hecho poético, la aprendí de José Lezama Lima a quien reconozco como mi mayor influencia literaria y vital. Lezama me enseñó a valorar lo difícil en tanto estimulante y a impregnar el ensayo, ese género tan terco, de poesía.

Porque la poesía es también una forma de argumentar. Es una defensa del ser humano en todas sus dimensiones. Por ello me desplazo de la poesía al ensayo y retorno a la poesía.

No intento acercarme a la narrativa por puro respeto y porque reconozco mis falencias y torpezas en la materia, de las cuales culpo a la poesía: siempre que intento escribir un cuento, término haciendo una prosa poética.

Esa sensación de torpeza no aparece cuando escribo ensayos, porque creo que la metáfora contribuye a pensar de otra manera, como diría Derridá, sólo cierta poética es capaz de romper con el pensamiento dominante.

Si me pregunta cómo veo la realidad y lo que usted llama “mi mundo literario”, sólo atinaría a citar a otro cubano que canta diáfanamente: vivo del sueño a la poesía, es decir de la lucha al canto y del canto a la lucha.

Se levanta nueva generación de jovenes colombianos con lenguajes diversos

— La actual literatura de los jóvenes colombianos, ¿como la vez, ha crecido, es dependiente del pasado literario, hay novedades, nuevas figuras del presente siglo a destacar?

— Esa pregunta me gustaría colmarla de nombres propios. Creo que la poesía, que es lo que más conozco porque es lo que más me gusta leer, actualmente adquiere dimensiones bien importantes y vitales en Colombia.

Es paradójico, pero la principal virtud, pero a la vez el principal problema de la nueva poesía colombiana es que es inédita, por lo menos en lo referente a las esferas de publicación monopólica que caracterizan el mundo editorial de nuestros países.

Pero se debe reconocer la existencia de procesos independientes, de editoriales alternativas, de asociaciones de escritoras y escritores que adquieren un protagonismo en los barrios de las ciudades, en los microespacios de la mundialización suicida.

Los jóvenes escritores se agrupan en colectivos que no sólo conciben la poesía como un hecho aislado, sino que vinculan otras artes y otras esferas de la vida, como la historia y la política.

En el ámbito urbano, existen colectivos en los barrios que redignifican la cotidianeidad del pequeño espacio social en el que viven. En muchos casos se ha hecho de la poesía una cuestión que todos pueden apreciar y vivir porque está en las paredes a través del stencil o en la música a través del rap y el hip-hop.

Anuncié nombres propios y puedo pensar en poéticas claramente definidas que sin desconocer sus influencias y matices, no le deben nada al pasado porque lo han analizado, comprendido y trascendido.

Pienso en la pluma de Darién Giraldo Hernández, quien tiene un poemario aún inédito que habla de las contradicciones del capitalismo tardío que ha hecho de este mundo, un planeta-miseria.

Pienso en Javier Neira Marín quien ha logrado en versos cortos retratar las contradicciones del tiempo, como lo haría Dalí en la pintura. También veo contundencia y belleza en los versos que Farid Delgado le dedica a los patios de Barranquilla o en la Cartagena disonante que destilan los versos de Rodolfo Lara Mendoza.

Existe una poeta  muy modesta y sencilla en Bogotá que escribe con dignidad y profundidad, llamada Laura Luna. Robinson Quintero hace literalmente jazz con su pluma, y a veces ese efecto se percibe en ciertos poemas de Iván Vargas.

Dufay Bustamante alucina y hace alucinar con sus versos nocturnos y citadinos. Winston Morales tiene una propuesta filosófica interesante entre las líneas de sus versos.

Hablo de gente que escuché alguna vez en un recital o que leí en una biblioteca. No hablo solamente de amigos encerrados en un círculo, hablo de gente de Tunja, Barranquilla, Pereira, Cartagena… hablo del país que tiene poetas jóvenes de sobra y que no necesitan de una gran editorial para hacernos estremecer con sus versos.

Eres poeta, escritor, profesor, director de la Revista Poética Fata Morgana, ¿cuáles serían tus palabras de cierre?


Mis palabras de cierre serían que espero que exista alguien que haya llegado hasta este punto y que no le haya parecido demasiado gárrulo, porque si mi gesto lo dijera todo, sería menos hablador, pero un poco más visible. Y claro, gracias totales.

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POEMAS INÉDITOS

De Fernando Vargas Valencia

Selección

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REVOLT / LA LIBERTAD, LÓGICO

(Escuchando el piano roto de Eddie Palmieri)

La libertad

está aquí, en el ahora.

Nos seduce con sus labios de fuego.

Es la vida misma.

No podemos soportar

que nos engañen,

que sigan murmurando silogismos

en nombre de nuestra vocación inconmensurable.

La fuerza de los continentes

la hemos dado desde siempre.

Nuestro tambores son el anuncio

de la victoria de todos los pueblos.

Nuestra causa

es la de la humanidad entera.

Cuando un Chamán

llora en el silencio de su pueblo exterminado,

llora el hombre del futuro.

Cuando el Hijo de Obatalá

derrama lágrimas de fuego

en la falda de una Santera,

la humanidad entera se prepara para el incendio.

Es lógico, señor de las deducciones mecánicas:

Libertarios somos desde siempre,

desde que un lenguaje nos fue impuesto

para hacernos creer que atribuirnos ropajes anónimos

era el descubrimiento de nuestros nombres.

Desde que alguien halló en el rayo,

algo más que la furia de los dioses:

desde que ese hombre vio en aquel gesto

la posibilidad del fuego.

Gritos desesperados somos desde el recuerdo

del futuro en el que somos la música de la desesperación.

Cultura y juego:

eso somos sumergidos en la ignominia.

Esclavos de nuestra propia imagen.

Incapaces aún de descubrirla.

Este continente sufre los dolores de la mujer victoriosa

que en el padecimiento del parir, resucita.

¿Cuántos muertos faltan

para que seamos indóciles?

Desde el piano hay promesas,

hay que romper los teclados,

hay que ejecutar las sinfonías

en las que se evaden nuestras hambres.

Estamos hechos de furia.

Somos la noticia que se sacia con su lenguaje disonante.

Somos el futuro que insiste en asaltar el cielo.

Somos la imagen claudicante

de una música que se niega a los exterminios.

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UN POEMA COMO NUNCA OTRO

El jugueteo de tus huesos

que luchan a muerte por desplomar la semilla

y su escozor,

allá en lo alto del pecho

que se revoca como un discurso tácito

que va devorándote entera,

en tu sublime religión

que consiste en despeñar las paredes

de las inútiles prisiones

donde el amor se agota y se entrega

a golpes e incendios entrecortados.

Porque somos hordas siniestras

que explotan en el intento

por nombrarse

es que punzo tus senos

con la tempestad de insectos

que nacen y se pudren en lo más recóndito

de mis ansias.

Desnudez infame que nos derrota

apenas con el roce de los poros erectos

y las crueldades más elementales.

Hay un grito, un sonido que se ahoga

en la promesa de ser una vocación.

Pero lo que nacemos y matamos

cuando somos la desnudez reflejada

en el deseo animal de nuestras manos,

es sordo,

no tiene nombre.

Es por ello que únicamente los dos,

somos los conjurados.

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BORGIANA

Tú,

oficiando

de maestra de ceremonias,

invocante de apuestas,

bestia que

en la lejanía

adquiere el color

de los desangramientos,

habrás de sonreír

porque no eres capaz

de aceptar

la imprescindible dignidad

de la derrota.

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TENDERLY


Acabo de entregarme

a mi dosis diaria de angustia.

Todo vicio es un conformismo.

Los seres y el movimiento,

en su negación capital,

encierran enigmas que no ocultan nada.

No son estas palabras

sino la metafísica de su instante.

La nada en el ojo del gato

que oficia de reloj a esas horas

donde el mal no tiene flores.

Es preciso ocultarse de la muerte

para que el tiempo erija sus templos fálicos.

¿Quién salvará a los amantes

que no saben aun si su entrega

se expresa en Guaguancó o Jazz?

Todo vivir es conformismo.

El placer es una mujer cantando.

Las canciones más bellas

fueron compuestas por seres sordos.

Es la muerte la falta de evidencia:

la vitalidad lastimada por cuerpos que se estancan

en memorias rotas por escorpiones.

Aves militares que se niegan al canto,

sólo los hombres hacen del estruendo

una nota musical de anticipaciones,

sólo los silencios cobran vida

en la barbaridad absoluta del relámpago.

De Vallejo a Lezama,

ejecuciones verticales de una ruptura que suspira.

¿Porqué hay un canto de agonía

en el momento en el que recupero mis tímpanos?

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CLAUDE

(A Lévi-Strauss)

De la miel a las cenizas,

veneno y serpiente,

la eternidad cristalizada

que no tiene manera de decirse

de otra manera,

alguien llama a la puerta,

es la ogresa

que transforma la manzana

en ídolo,

la miel en fuego,

el conocimiento

en ceniza.

Debo beber esas hojas,

debo saborear ese fuego

que es el mismo y es tantos,

esta espada es mi fuero,

esta trampa

que la ogresa ignora,

es mi vocación rabiosa,

el orden de mis días

que profetizo a destiempo.

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A FOGGY DAY

(A Juan y Emanuel, viendo pasar a Josefa)

Los días de la bruma son estos,

¿Qué clase de libertad

nos desbordó de improviso?

desechamos las horas

en soliloquios sobre el tiempo

y desnudamos sombras feroces

que impregnamos en vano

con nuestra esperma lacerada.

Fuimos el fantasma del fantasma.

Una terrible premonición de olvidados.

Fuimos monarcas de rupturas

entregadas a destiempo.

No concebimos ni por un instante

la necia costumbre de la muerte.

Los días de la bruma son estos,

la sociedad de cartógrafos,

con sus cachorros y mendigos,

es más próspera que nuestro vivac

poblado de soledades inútiles.

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MOONLIGHT IN VERMONT

(A Gonzalo Rojas, Luis Eduardo Díaz y Fernando Cely)

“Cumplo con informarle a usted que últimamente todo es herida”

Gonzalo Rojas

Sólo nos quedan las ciudades sumergidas.

Un Dios pagano

que sólo oye susurrar el poeta.

Hay un cuchillo

y una serie desordenada de dientes

en el cinismo doloroso de los espejos;

habría que jugar

a las cenizas de nostalgia,

a no saludarnos en el infierno,

a no leer más

los cuerpos desocupados,

las desnudeces veloces

que se abren como liturgias.

Tal vez obtengamos

de las mujeres

que nos hicieron recaer bajo tantas lunas,

la memoria cruel de los sortilegios.

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PEQUEÑAS AFIRMACIONES A MI NIÑA TRISTE

(A mi Amada Lorena, en medio de su tormenta

de la cual apenas atino a ser un testigo)

1.

A veces las palabras se agotan,

son tan torpes,

alevosas y cobardes,

agitadas por la promesa del mutismo

que las colma de despojos.

Por ello hay que recurrir a la música,

escucha amada el trombón que te reclama,

que busca tu risa

para espantar la parsimonia de la tormenta.

Tu boca es la nota que grita el viento

justo cuando va a revelar

su último secreto.

2.

Habremos de erigir en canto

nuestra Tragedia.

No podemos compararla,

ya es mucha suerte sobrevivir en un país

fundado por la masacre

y la negación atroz de los cuerpos.

Nacimos para fundar una épica.

El poeta hablará de ti en su videncia

y dirá que eras la diosa que recogía sus cabellos

para sembrar árboles de cristal

en el páramo vital de la memoria,

para afirmar la anatomía de las liberaciones

entre caricias feroces.

3.

Busco el porqué de tus ojos

que se afirman con el tiempo.

Podrás estar encerrada,

podrás perder la memoria

de lo que nunca fuimos,

podrán caer y volver a nacer

cada uno de tus poros,

podrás llorar la intermitencia de tus mareas,

la playa inconclusa de tu cuerpo

que deja rastros de su mar en cada espejo.

Podrás callar todo lo que has nacido.

Pero tus ojos hablarán por ti.

Revelarán el misterio

de los seres que hemos compartido la gracia de mirarte,

de poseerte en todas tus formas:

Amada, hija, hermana, amiga, compañera.

Tus ojos emanciparán el cielo de sus necias tormentas,

gritarán la luz de la música

en los agujeros sucios de las tempestades.

Aún así, seguiré creyendo

en que hay un porqué de tus ojos

que me cautiva.

Como el gato de Baudelaire:

Te amo porque sigues siendo mi mayor misterio.

Te deseo a través de la excusa

de seguir ignorando el porqué de tus ojos.

Ese porqué que sólo podría revelar un hijo.

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LILITH

Mujer de roca

estás en la memoria

de los hastíos.

Fuiste estatua,

sal, ruptura.

Mujer oblicua,

condenada a las tinieblas,

profundidad aislada,

saber equivalente

y contrario al otro,

vientre que es la primera hoguera,

silencio que ansía el grito,

grito escondido en el silencio,

ensayo  error de la unidad

primera,

relato del agua

y de la serpiente,

allí, Lilith

eres arquetipo,

eres todas las mujeres la mujer,

barro que se deshace

en la mano de Dios,

deseo del deseo deseado,

allí, en la fundación de las cosas,

en la mujer del espejo

que se enamoró de su propia

imagen

y que aquí, ahora,

habita en mi reflejo.

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TRANSMUTACIONES SIMPLES (Fragmento 2)

2.

La posibilidad

de transmutarse

rompe cualquier intento

por permanecer en cautiverio.

Las rupturas

son máquinas

cuya única función  consiste

en hacernos recordar

la existencia de las máquinas.

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Breve nota biográfica y libros publicados

Poeta nacido en Bogotá, Colombia (1984). Abogado de la Universidad Externado de Colombia, especialista en Derechos Humanos de dicha Universidad. Estudios en Música, Literatura y Sociología. Formador de docentes. Tallerista en creación poética.

Ha publicado cuatro libros de poesía: “El Espolio“, “Cuentas del Alma” (Magia de la Palabra Editores: 2000, 2001), “Silencio Transversal “, “Épica de los Desheredados” (Colección Poética Isla Negra: 2007, 2010) y uno de ensayo: “La Realización Poética de la Justicia” (Universidad Externado de Colombia: 2008).

Fundador de la sección literaria de la Revista Somos – Libertad Bajo Palabra de la Universidad Externado de Colombia. Director de la Revista Fata Morgana y de la Revista Latinoamericana Pasajeros del Bandido. Coordinador Académico del 1 Festival Internacional y Popular del Libro de Bogotá. Corresponsal en Colombia de la Revista Los Poetas del Cinco (Chile). Escribe reseñas de nuevos libros de poesía en las páginas culturales de Momento, Diario de Puebla (México) y es colaborador permanente del Periódico La Mancha (Venezuela).

Ha sido incluido en antologías poéticas y publicaciones especializadas en Venezuela, Cuba, Perú y España. Invitado a varios encuentros internacionales de escritores y poetas en Brasil, Cuba, México, Venezuela, Nicaragua y Colombia.

Dentro de las antologías poéticas en las que ha sido incluido se destacan: “Tierra Común” (Caracas, Editorial La Mancha, 2008), “Tránsito de Fuego” (Caracas, Casa Nacional de las Letras Andrés Bello, 2009), “Poemas para Suspirar un Siglo” (Veracruz, Conaculta, 2010), “Cajita de Música” (Madrid, AEP, 2011).


Portadas de libros publicados


Título              :           Épica de los desheredados

Género           :           Poesía

Editorial        :           Isla Negra, Colección Poética

Año                 :           2010

Ciudad           :           Bogotá, Colombia

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Título              :           La Realización poética de la justicia

(el derecho  como paradigma literario)

Género           :           Ensayo

Editorial        :           Universidad Externado de Colombia.

Año                 :           2008

Ciudad           :           Bogotá, Colombia.

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Título              :           Silencio Transversal (Poemas para Desorejados)

Género           :           Poesía

Editorial        :           Isla Negra, Colección Poética

Año                 :           2007

Ciudad           :           Bogotá, Colombia.

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Título             :           Cuentas del Alma (La vanidad bajo sombríos ecos)

Género          :           Poesía

Editorial       :           Magia de la Palabra Editores

Año                :           2000

Ciudad          :           Bogotá, Colombia.

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Título              :           El Espolio (en coautoría con Alberto Valencia Rincón)

Género           :           Poesía

Editorial        :           Magia de la Palabra Editores

Año                 :           2000

Ciudad           :           Bogotá, Colombia.

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FERNANDO VARGAS VALENCIA
Escritor y Aprendiz de Poeta
http://www.almiprieto.blogspot.com

Foro Nicaragüense de Cultura

Managua, Nicaragua, julio 2011

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